Su insoportable desorden (y descuido, también) hicieron que de una vez por todas se diera cuenta de lo que andaba mal en su vida: Al ver el polvo acumulado en el espejo del escritorio se puso a pensar en la cantidad de cosas que había dejado de lado, y en las que lentamente el polvo se iba depositando.
Decidió que su descuido no sólo era en cuanto a lo material, eso lo sabía hace rato, sino que sus relaciones cada vez se asemejaban más a la pila de platos sin lavar de la cocina.
No podía seguir esperando a que llegase un invitado para barrer debajo de la alfombra.
Se jactaba, pero al mismo tiempo quejaba, de lo poco duradero de sus vínculos, se decía un alma libre, pero hasta ese día no comprendía por qué las personas se le terminaban alejando (o por qué nunca había una planta viva en su balcón).
No fue fácil el golpe, el entender que en cuanto a los sentimientos nada es obvio, que las cosas hay que decirlas de frente, y, que el hacerlo, alimenta.
Tímidamente se propuso empezar a cambiarlo, lentamente ir desempolvando aquello que sentía que valía la pena, y, tras lo que sintió que fue una eternidad, marcó el número de teléfono.
domingo, 19 de octubre de 2014
martes, 14 de octubre de 2014
"Quizás, jamás, nunca más"
Negra la noche y nublada la mente.
¿Cuánto tiempo habrá pasado? No recordaba con claridad los rasgos de su cara. Lo recordaba irascible, recordaba la inmensa desazón. Se había olvidado del sonido de su voz, pero las palabras aún dolían al reproducirlas de nuevo en su mente.
Qué juegos locos los del recuerdo. Qué asombrosos los parámetros por los cuales ciertos momentos se borran, y otros son inolvidables por más de que lo intentemos incansablemente.
Tenía la sensación de que nunca le alcanzarían las horas de la noche para arrancárselo definitivamente del alma. Cientos de veces le habían repetido que el amor dolía, más aún el primero. Qué estúpido pensarlo así. ¿Qué clase de persona sería feliz sufriendo? ¿Qué idiota quisiera vivir amando?
Pero una vez más, caía en lo más recóndito de su propia mente, ahogándose en quizases, jamases, nunca mases... Y se olvidaba que también, cientos de veces le habían dicho que nunca dijera nunca.
Y la juventud y la alegría se le escapaban por los poros, siempre a la espera de aquel heroico nuevo amor que la despertara del sufrimiento del primer abandono. Cada vez se sentía más salvaje, sin darse cuenta de que cada segundo que pasaba la ataba más al pasado ¿Qué era lo que le había pasado? Sin pasado eso no le hubiese pasado... Se hundía, se revolvía en ella misma, sacando a relucir lo más dulce y amargo de su interior. Candente y fria. Amante fervorosa y gélida compañera. Podía ser todas, no cabía en su cabeza el rechazo... O el por qué del rechazo. Se acurrucaba en su propio regazo, nunca pudo encontrar tal consuelo en otro.
Y así, húmeda por las lágrimas y ronca por los sollozos, volvió a sumirse en aquella noche negra y esa mente nublada.
¿Cuánto tiempo habrá pasado? No recordaba con claridad los rasgos de su cara. Lo recordaba irascible, recordaba la inmensa desazón. Se había olvidado del sonido de su voz, pero las palabras aún dolían al reproducirlas de nuevo en su mente.
Qué juegos locos los del recuerdo. Qué asombrosos los parámetros por los cuales ciertos momentos se borran, y otros son inolvidables por más de que lo intentemos incansablemente.
Tenía la sensación de que nunca le alcanzarían las horas de la noche para arrancárselo definitivamente del alma. Cientos de veces le habían repetido que el amor dolía, más aún el primero. Qué estúpido pensarlo así. ¿Qué clase de persona sería feliz sufriendo? ¿Qué idiota quisiera vivir amando?
Pero una vez más, caía en lo más recóndito de su propia mente, ahogándose en quizases, jamases, nunca mases... Y se olvidaba que también, cientos de veces le habían dicho que nunca dijera nunca.
Y la juventud y la alegría se le escapaban por los poros, siempre a la espera de aquel heroico nuevo amor que la despertara del sufrimiento del primer abandono. Cada vez se sentía más salvaje, sin darse cuenta de que cada segundo que pasaba la ataba más al pasado ¿Qué era lo que le había pasado? Sin pasado eso no le hubiese pasado... Se hundía, se revolvía en ella misma, sacando a relucir lo más dulce y amargo de su interior. Candente y fria. Amante fervorosa y gélida compañera. Podía ser todas, no cabía en su cabeza el rechazo... O el por qué del rechazo. Se acurrucaba en su propio regazo, nunca pudo encontrar tal consuelo en otro.
Y así, húmeda por las lágrimas y ronca por los sollozos, volvió a sumirse en aquella noche negra y esa mente nublada.
viernes, 10 de octubre de 2014
Manipulando palabras
Me resulta extraño, pero a la vez reconfortante descubrir lo versátiles que pueden ser las historias. Siempre lo dicen, es verdad: todo depende de quién te lo cuente.
Pero también depende de quién lo escuche.
Las historias, anécdotas, y demases las contamos para el otro. Dependiendo de quién sea el otro el cuentito se va encaminando para lados distintos.
Podemos ser la persona más interesante del mundo, o una historia al pasar...
Me dí cuenta de que aunque cuente mil veces la misma historia, siempre la cuento distinto.
Los diálogos son algo tan personal... No hay uno que se repita, no hay dos historias iguales...
Y qué mágico eso.
Nos dicen que no se pueden revivir los momentos, pero la verdad es que uno puede revivirlos tantas veces como quiera... O de la manera que quiera.
Revivirlos o vivirlos distinto.
Quizás la manera en que recordamos cierta situación sea incluso más importante que la situación en sí.
Quizás no importa si las cosas pasaron de una manera o de otra, sino que importa más cómo lo recordamos.
O cómo lo contamos.
O cómo le afecta al que se lo contamos.
Quizás haya cosas dando vueltas en nuestra cabeza que en realidad no pasaron nunca.
Quizás sean palabras manipuladas para crear recuerdos, o quizás tan solo un consuelo.
Pero también depende de quién lo escuche.
Las historias, anécdotas, y demases las contamos para el otro. Dependiendo de quién sea el otro el cuentito se va encaminando para lados distintos.
Podemos ser la persona más interesante del mundo, o una historia al pasar...
Me dí cuenta de que aunque cuente mil veces la misma historia, siempre la cuento distinto.
Los diálogos son algo tan personal... No hay uno que se repita, no hay dos historias iguales...
Y qué mágico eso.
Nos dicen que no se pueden revivir los momentos, pero la verdad es que uno puede revivirlos tantas veces como quiera... O de la manera que quiera.
Revivirlos o vivirlos distinto.
Quizás la manera en que recordamos cierta situación sea incluso más importante que la situación en sí.
Quizás no importa si las cosas pasaron de una manera o de otra, sino que importa más cómo lo recordamos.
O cómo lo contamos.
O cómo le afecta al que se lo contamos.
Quizás haya cosas dando vueltas en nuestra cabeza que en realidad no pasaron nunca.
Quizás sean palabras manipuladas para crear recuerdos, o quizás tan solo un consuelo.
sábado, 27 de septiembre de 2014
La llave
Y un día aprendió que estaba bien darse esos gustos,
¿para qué reprimirse más?
El ocasional puchito, noches imprudentes.
Bailar como si nadie la estuviera viendo, pero sabiendo que la miraban.
Porque... ¿está mal que le guste que la miren?
Dejar que de vez en cuando las palabras salgan sin pensarlo, que el que las escuche sea el filtro.
No preocuparse por esos a los que les molestaba su libertad... porque ellos no podían lograrla.
Vivir.
Dejar de sobrevivir.
Porque de vez en cuando las malas influencias son buenas, por contradictorio que suene.
Porque por demasiado tiempo había vivido por otros.
Y porque hoy, al fin, tiene la llave.
¿para qué reprimirse más?
El ocasional puchito, noches imprudentes.
Bailar como si nadie la estuviera viendo, pero sabiendo que la miraban.
Porque... ¿está mal que le guste que la miren?
Dejar que de vez en cuando las palabras salgan sin pensarlo, que el que las escuche sea el filtro.
No preocuparse por esos a los que les molestaba su libertad... porque ellos no podían lograrla.
Vivir.
Dejar de sobrevivir.
Porque de vez en cuando las malas influencias son buenas, por contradictorio que suene.
Porque por demasiado tiempo había vivido por otros.
Y porque hoy, al fin, tiene la llave.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Esquinas conflictivas
La ciudad estaba llena de esas. Esquinas de problemas, esquinas de desencuentros, esquinas conflictivas.
Y aunque sus deseos de volver a tenerlo se iban diluyendo entre noches de amores efímeros, el miedo de cruzarlo de nuevo en alguna de aquellas esquinas no desaparecía. Porque la realidad es esa: una vez que algo es, no desaparece.
Y no voy a ponerme a escribir sobre recuerdos, y cómo cada una de esas esquinas conflictivas le traían muchos, pero si puedo decir que últimamente le sorprendía como esa ciudad tan grande trataba de volver a juntarlos: En los lugares más insólitos encontraba rastros perdidos de él, y sabía que le pertenecían. Que eran de él para ella. Pero la posibilidad de reencontrarse estaba latente, una vuelta de tuerca del Universo y todo se concretaría. Y tenía miedo. Como cuando lo vio por primera vez. Como cuando no supo qué responder a esa sonrisa bailarina. Al fin y al cabo, ¿quién era ella para contradecir el rumbo de las cosas?
Y con el viento enredándosele en el pelo siguió así, con la inminente incertidumbre de que, al doblar en alguna de esas esquinas conflictivas, lo iba a volver a encontrar.
Y aunque sus deseos de volver a tenerlo se iban diluyendo entre noches de amores efímeros, el miedo de cruzarlo de nuevo en alguna de aquellas esquinas no desaparecía. Porque la realidad es esa: una vez que algo es, no desaparece.
Y no voy a ponerme a escribir sobre recuerdos, y cómo cada una de esas esquinas conflictivas le traían muchos, pero si puedo decir que últimamente le sorprendía como esa ciudad tan grande trataba de volver a juntarlos: En los lugares más insólitos encontraba rastros perdidos de él, y sabía que le pertenecían. Que eran de él para ella. Pero la posibilidad de reencontrarse estaba latente, una vuelta de tuerca del Universo y todo se concretaría. Y tenía miedo. Como cuando lo vio por primera vez. Como cuando no supo qué responder a esa sonrisa bailarina. Al fin y al cabo, ¿quién era ella para contradecir el rumbo de las cosas?
Y con el viento enredándosele en el pelo siguió así, con la inminente incertidumbre de que, al doblar en alguna de esas esquinas conflictivas, lo iba a volver a encontrar.
martes, 26 de agosto de 2014
La espera
nza.
Seguir creyendo que se puede,
sin que te tiren abajo de un hondazo la moral.
Vientos de cambio,
fuegos que no se van a apagar.
Aunque corra viento,
eso nos hace encendernos más.
Siempre más, y más grandes,
con la cabeza en las nubes,
pero los pies en la Tierra.
Sabemos qué somos,
a dónde vamos,
por quién peleamos.
Cuestionando...nos,
en movimiento, así vamos!
Seguir creyendo que se puede,
sin que te tiren abajo de un hondazo la moral.
Vientos de cambio,
fuegos que no se van a apagar.
Aunque corra viento,
eso nos hace encendernos más.
Siempre más, y más grandes,
con la cabeza en las nubes,
pero los pies en la Tierra.
Sabemos qué somos,
a dónde vamos,
por quién peleamos.
Cuestionando...nos,
en movimiento, así vamos!
domingo, 24 de agosto de 2014
Milena...ria
Nació el primero de Enero del 2000, y entre el agobiante calor de la ciudad, rodeados de cotillón de Año Nuevo, helado de limón y sanguchitos de miga, sus viejos no tuvieron mejor idea que ponerle de nombre Milena.
Milena se reía de lo absurdo y original (y al mismo tiempo no tanto) de su nombre. A veces pensaba y se le ocurría que le hubiera gustado mucho más que sus padres le hubieran puesto "Milenia", así, con la "I" en el medio. Eso sí que era original.
Cumplir años un primero de Enero es distinto que cumplir años cualquier otro día del año. Muy poca gente se acordaba, y nunca pero nunca lo festejaba. Ese día lo único que se le pasa a la gente por la cabeza es decir "Feliz Año!" y tomar y comer y tomar y comer... ( A nadie se le ocurriría cantar el Feliz Cumpleaños frente a una torta con velitas de números).
Pero Milena estaba acostumbrada, por lo menos siempre los últimos dígitos de los adornos que llenaban cada rincón de la ciudad, coincidían con los años que ella cumplía, y para ser sinceros, había aprendido a encontrar algo placentero en ello.
Desde chica le gustaba pensar en el tiempo y en cómo unos instantes pueden significar grandes cambios.
Milena solía preguntarse si se sentiría distinto haber nacido en otro milenio, aunque sólo hubiese sido por algunas horas. Ella nunca iba a vivir en otro milenio, ni siquiera habían muchas posibilidades de que conociera otro siglo (por dentro deseaba inmensamente poder vivir más de 100 años), y aunque la gente se reía de lo banal de sus reflexiones, a ella la abrumaban.
"Es normal que estas cosas te intriguen, todavía sos chica", solía escuchar, entendía que la gente pensara que con 14 años sus interrogantes no eran significativos, pero entendía también que estaban equivocados.
Milena no tenía miedo de estar orgullosa de ella misma, y de sentirse importante, diferente, especial... Y eso, paradojicamente, la hacia importante, diferente y especial.
"Es normal que estas cosas te intriguen, todavía sos chica", solía escuchar, entendía que la gente pensara que con 14 años sus interrogantes no eran significativos, pero entendía también que estaban equivocados.
Milena no tenía miedo de estar orgullosa de ella misma, y de sentirse importante, diferente, especial... Y eso, paradojicamente, la hacia importante, diferente y especial.
viernes, 8 de agosto de 2014
Simple, noche
Salimos sin saber a dónde. Salimos a la deriva, sin ni siquiera un lugar donde dormir. Peligroso? Arriesgado. Pero siempre lo prohibido, lo peligroso nos resulta extrañamente tentador (y a quien no?). Corrimos muchos riesgos con el solo fin de calmar las ansias de rebeldía. "Que sería de la vida si no te arriesgas", le repetía cada vez que un "tengo miedo" asomaba por su boca. Era como si tuviera una inexplicable confianza a mi lado, como si creyera que si se mantenía cerca mio, las cosas iban a ir bien. Nos divertíamos a veces, y otras la cosa se tornaba un poco más aburrida y decidíamos volver a nuestras respectivas casas. Creo que recorrimos el mundo acompañandonos. Lugares a dónde nadie se le ocurría ir, ahí ibamos. Eramos rebeldes, pero siempre en secreto. Eso tambíen sumaba a los riesgos que corríamos. Y nos gustaba, eramos felices con esa sensación de "Nos van a descubrir" que inundaba nuestros cuerpos cuando parecía que algo iba a salir mal. Asi pasó algún tiempo de nuestras vidas, hasta que un día decidimos portarnos bien, madurar, dejar las épocas de locura atras. Y, entonces nos dejamos de ver. Pero esos recuerdos abundan en nuestras memorias, y mierda si tendremos historias locas que contar...
viernes, 1 de agosto de 2014
Manos.
Cada vez que conozco a alguien, me gusta fijarme en sus manos.
Me pasó de encontrarme con gente que decía que lo primero que mira son los ojos, que son lo que define a una persona. Incluso conocí a quien me dijo que tenía una obsesión por mirar los dientes, y que le servía para saber con que tipo de persona se iba a encontrar.
En fin, no miro las manos para "saber con que tipo de persona me voy a encontrar", sino porque me atraen. El pensar que hacemos casi todo con las manos...
Y me gusta imaginar, imaginar por qué te comés las uñas. De dónde sacaste ese hábito... Y si alguna vez te propusiste dejarlo.
Me gusta preguntarme también cómo fue que te hiciste esa cicatriz cerca de los nudillos, serás uno de esos que pelea (o peleaba)?
Me gusta perderme viendo como jugás con la birome entre los dedos y a decir verdad no entiendo por qué la agarrás así para escribir.
Me gustaría saber tu historia, si le decís birome a la birome, o sos de los que defienden a muerte que es una "lapicera".
Me gusta como ahora no paras de golpear la mesa siguiendo algún absurdo ritmo. Sos de manos inquietas.
Me pregunto si te das cuenta que te miro, que me llamas la atención.
Y veo tus manos cerca de tu boca, las veo mientras te restregás los ojos. Sueño o aburrimiento?
Me gusta cómo se mueven mientras hablás, explicando quién sabe qué. Yo estoy demasiado concentrada en otras cosas como para escuchar lo que decís.
Y no es falta de respeto, es abundancia de atracción.
Me causan risa tus intentos de abrir ese paquete. (Si te comés las uñas no te quejes de no tener cómo abrirlo!).
Me pregunto si pintarás, si tocarás algún instrumento, si sos zurdo o diestro. Y me río porque tengo que hacer la mimíca de que escribo para saber cuál es la derecha y cuál la izquierda.
Y también me gusta tu risa.
De qué tamaño serán tus manos al lado de las mías?
Me gusta seguir preguntándome cosas sobre vos. Tendrás la costumbre de hacerte sonar los dedos? (Ojalá que no, mi abuela dice que es de mal gusto).
Leerás? Te gustará sentir el papel en tus dedos? Eso en el dorso de la izquierda es una quemadura o una picadura?
Como siempre, termino perdida en banalidades.
Y me pone nerviosa sentir tu mano cerca de la mía. Tendrás manos frías o calientes?
Me dan ganas de tocarte.
Y son calientes.
Y me decís que las mías son frías.
Y sin saber cómo, somos caricias inexpertas.
Nos conocemos rozándonos.
Somos manos con personas, y no personas con manos.
Me pasó de encontrarme con gente que decía que lo primero que mira son los ojos, que son lo que define a una persona. Incluso conocí a quien me dijo que tenía una obsesión por mirar los dientes, y que le servía para saber con que tipo de persona se iba a encontrar.
En fin, no miro las manos para "saber con que tipo de persona me voy a encontrar", sino porque me atraen. El pensar que hacemos casi todo con las manos...
Y me gusta imaginar, imaginar por qué te comés las uñas. De dónde sacaste ese hábito... Y si alguna vez te propusiste dejarlo.
Me gusta preguntarme también cómo fue que te hiciste esa cicatriz cerca de los nudillos, serás uno de esos que pelea (o peleaba)?
Me gusta perderme viendo como jugás con la birome entre los dedos y a decir verdad no entiendo por qué la agarrás así para escribir.
Me gustaría saber tu historia, si le decís birome a la birome, o sos de los que defienden a muerte que es una "lapicera".
Me gusta como ahora no paras de golpear la mesa siguiendo algún absurdo ritmo. Sos de manos inquietas.
Me pregunto si te das cuenta que te miro, que me llamas la atención.
Y veo tus manos cerca de tu boca, las veo mientras te restregás los ojos. Sueño o aburrimiento?
Me gusta cómo se mueven mientras hablás, explicando quién sabe qué. Yo estoy demasiado concentrada en otras cosas como para escuchar lo que decís.
Y no es falta de respeto, es abundancia de atracción.
Me causan risa tus intentos de abrir ese paquete. (Si te comés las uñas no te quejes de no tener cómo abrirlo!).
Me pregunto si pintarás, si tocarás algún instrumento, si sos zurdo o diestro. Y me río porque tengo que hacer la mimíca de que escribo para saber cuál es la derecha y cuál la izquierda.
Y también me gusta tu risa.
De qué tamaño serán tus manos al lado de las mías?
Me gusta seguir preguntándome cosas sobre vos. Tendrás la costumbre de hacerte sonar los dedos? (Ojalá que no, mi abuela dice que es de mal gusto).
Leerás? Te gustará sentir el papel en tus dedos? Eso en el dorso de la izquierda es una quemadura o una picadura?
Como siempre, termino perdida en banalidades.
Y me pone nerviosa sentir tu mano cerca de la mía. Tendrás manos frías o calientes?
Me dan ganas de tocarte.
Y son calientes.
Y me decís que las mías son frías.
Y sin saber cómo, somos caricias inexpertas.
Nos conocemos rozándonos.
Somos manos con personas, y no personas con manos.
miércoles, 30 de julio de 2014
Temblor.
"Era otoño. Atardecía y el sol le daba un tono aún más dorado a las hojas que caían lentamente, como un incesante río amarillo. Hacia un frío particular, a pesar del sol. Sus rayos se hacían cada vez más débiles y a la vez incómodos a la hora de elegir qué ponerte en días como ese. Ella estaba sentada en un banco de la plaza observando el particular paisaje. ¿Quién sabe? Quizás buscando inspiración o simplemente admirando el lugar. O quizás, tan sólo yo veía la hermosura de la escena. No estoy totalmente seguro de que todos los demás pudiesen ver lo que yo veía: Sus manos cruzadas, acariciando casi inconscientemente su pierna, sus grandes ojos verdes pensativos que invitaban a mirar lo que ella miraba. El sol bañando como a propósito sus cortos rulos castaños, el esbozo de sonrisa en sus finos labios, y las hojas... Las hojas eran lo que más me llamaban la atención. Perfectamente ordenadas a su alrededor y cayendo, cayendo, cayendo con un ritmo constante, con gracia y soltura, como apreciando caer a su lado, sobre ella.. Y yo vi todo. Vi como cerraba los ojos y tomaba una gran bocanada de aire, nutriéndose de lo maravilloso y simple que la rodeaba, cómo miraba hacia un lado y otro, impacientándose, cómo el sol se empezaba a perder y la plaza quedaba sumida en una ligera penumbra que daba la sensación de soledad. Vi también cómo se paraba y caminaba hacia mi, cómo su voz (que maravillosa voz) preguntaba la hora, y cómo, al recibir mi respuesta su gesto de felicidad desaparecía mientras murmuraba un "Gracias" dando media vuelta y alejándose lentamente, vi también cómo las hojas la seguían, cerrando su marcha y siguiéndole el ritmo, pero lo que vi con mayor claridad y lo que más recuerdo es la manera en que la vi girar en una esquina, perderse para siempre de mi vista, dejándome parado como esperándola, dejándome totalmente solo, con la oscuridad que me cubría por completo."
Se paró y salió de la confitería donde había leído ese fragmento publicado en el diario local, pasó por delante de la puerta vidriada y por un momento miró su reflejo ¿Cuánto tiempo había pasado desde ese día? Lo recordaba perfectamente… se había dejado crecer el pelo y un ligero bronceado empezaba a cubrir su piel. Sus ojos seguían igual de verdes y sus rulos igual de alborotados. Se acomodó el pañuelo alrededor del cuello y por fin salió a la vereda. No había vuelto a pisar la plaza desde ese día, una serie de decepciones y recuerdos dolorosos que no deseaba revivir habían hecho que bloquee aquel día y lugar de su mente, quizás fue eso lo que más le llamó la atención de lo que acababa de leer. No recordaba con exactitud lo ocurrido ese día y mucho menos la apariencia de ese hombre. Lo único que había quedado fuertemente afianzado en su cabeza era la hora: “ocho menos diez”. Lo había dicho así. Podría incluso imitar el tono de voz con que había pronunciado esa frase que sonaba cada vez más fuerte en su cabeza. Quizás, solo quizás, por eso, con una mezcla de miedo, confusión y asombro, dirigió sus pasos a la plaza. El corazón le latía más fuerte de lo normal, a decir verdad temblaba de nervios. Despacio, muy despacio fue a su banco, se sentó, cerró los ojos, tomo una gran bocanada de aire llenándose los pulmones del aroma primaveral que flotaba a su alrededor, se quedó muy quieta por un instante, hasta que una voz interrumpió sus pensamientos: “disculpa, ¿tenés hora?”
martes, 29 de julio de 2014
Frase revoltosa.
Hace días que una frase me está dando vueltas en la cabeza. Y no se dónde meterla. Pero ya no quiero que esté en mi cabeza.
Quiero decirte, y creo que encontré la perfecta metáfora para contarte cómo me sentí siempre.
Sos los ravioles con tuco de tu vieja, y yo... soy la que nunca pude hacerlos.
Quiero decirte, y creo que encontré la perfecta metáfora para contarte cómo me sentí siempre.
Sos los ravioles con tuco de tu vieja, y yo... soy la que nunca pude hacerlos.
viernes, 25 de julio de 2014
17 meses
Hoy me puse a pensar en lo que era cuando apenas me mude a Capital. Me acuerdo del entusiasmo y las ganas que tenía. Pero también me acuerdo del miedo.
Algo que me caracteriza es el desapego. Siempre sentí que vaya a donde vaya iba a ser una extranjera, que nunca iba a pertenecer verdaderamente a ningún lugar. Quizás suene un poco duro que lo diga de esta manera, pero es así. En Jujuy nunca fui "de Jujuy", si vuelvo al lugar donde nací, tampoco me voy a sentir en casa: viví sólo mi primer año ahí.
Dicen que uno pertenece, o tiene su hogar donde esta la familia. Y yo me llevo preguntando toda mi vida qué es la familia. Para mi, los lazos de sangre cada vez significan menos. Están muy desvalorizados, no se sí será sólo en mi caso o es algo generalizado, la cosa es que estoy unida por sangre con gente con la cual no hablo hace años. Y no es un tema de enemistades, sino más bien, desintereses. Y ojo, no culpo sólo a los demás, siempre digo que una relación se hace de a dos, y yo tampoco hago mucho para recuperar ciertos vínculos.
Lo mismo pasa con las amistades. No voy a decir que viví en muchos lugares, porque la verdad es que la mayor parte de mi vida la pase en Jujuy. Pero si, que constantemente fui reconstruyendo relaciones. No es que crea que soy la única que lo hace, pero siento que mi caso en particular es un poco más extremo.
Hoy, a 17 meses de haber llegado a esta ciudad, siento que Buenos Aires es mi lugar. Por mis planes y proyectos acá, por todo lo que viví y me hizo vivir, por las personas maravillosas que tuve la suerte de conocer (o tener la oportunidad de reencontrarme). Pero sobretodo porque acá, más allá de no haber estado tanto tiempo, deje más de mi que en cualquier otro lugar. Y creo que el hogar es donde uno se reconoce a sí mismo, donde se puede ver reflejado.
Salí de la casa de mi vieja a los 18. Y sinceramente no creo que haya estado lista. Creo que nadie esta listo a esa edad para salir a defenderse solo en el mundo real. El arrojarme así, de cierta manera me obligo a crecer, pero también me fue definiendo (y me sigo definiendo todavía). Estuve muy perdida, como creo que es lógico que pase, pero hoy me siento encaminada, y más en casa que nunca. Y es loco, porque es la primera vez que me siento en casa.
No suelo admitir que me emociono, pero la verdad que estoy muy agradecida de como se dieron las cosas para mi este año. Estoy contenta de haber puesto mi cabeza y mi corazón en orden, y de dedicarle tiempo a lo que creo que lo merece, a mis convicciones. Y si en este momento se me escapa una lágrima es de orgullo y alegría, de gratitud.
Siempre me dio miedo el no saber que va a pasar, y una muestra de que hoy estoy en paz, es el que estoy contenta de no saber que me depara el futuro. De poder vivir libremente, con metas y objetivos, pero con mil maneras distintas de lograrlos. Algunas serán más largas, a veces tomaré atajos. Eso no es lo más importante. Y el haber llegado a comprenderlo me hace sentir bien.
Se que no acostumbro a escribir sobre mi tan crudamente como hoy lo estoy haciendo, pero a veces tengo que tomarme libertades. Cuando uno escribe siempre deja una parte de sí mismo (vivo repitiendo esto), pero hoy dejo algo más.
Algo que me caracteriza es el desapego. Siempre sentí que vaya a donde vaya iba a ser una extranjera, que nunca iba a pertenecer verdaderamente a ningún lugar. Quizás suene un poco duro que lo diga de esta manera, pero es así. En Jujuy nunca fui "de Jujuy", si vuelvo al lugar donde nací, tampoco me voy a sentir en casa: viví sólo mi primer año ahí.
Dicen que uno pertenece, o tiene su hogar donde esta la familia. Y yo me llevo preguntando toda mi vida qué es la familia. Para mi, los lazos de sangre cada vez significan menos. Están muy desvalorizados, no se sí será sólo en mi caso o es algo generalizado, la cosa es que estoy unida por sangre con gente con la cual no hablo hace años. Y no es un tema de enemistades, sino más bien, desintereses. Y ojo, no culpo sólo a los demás, siempre digo que una relación se hace de a dos, y yo tampoco hago mucho para recuperar ciertos vínculos.
Lo mismo pasa con las amistades. No voy a decir que viví en muchos lugares, porque la verdad es que la mayor parte de mi vida la pase en Jujuy. Pero si, que constantemente fui reconstruyendo relaciones. No es que crea que soy la única que lo hace, pero siento que mi caso en particular es un poco más extremo.
Hoy, a 17 meses de haber llegado a esta ciudad, siento que Buenos Aires es mi lugar. Por mis planes y proyectos acá, por todo lo que viví y me hizo vivir, por las personas maravillosas que tuve la suerte de conocer (o tener la oportunidad de reencontrarme). Pero sobretodo porque acá, más allá de no haber estado tanto tiempo, deje más de mi que en cualquier otro lugar. Y creo que el hogar es donde uno se reconoce a sí mismo, donde se puede ver reflejado.
Salí de la casa de mi vieja a los 18. Y sinceramente no creo que haya estado lista. Creo que nadie esta listo a esa edad para salir a defenderse solo en el mundo real. El arrojarme así, de cierta manera me obligo a crecer, pero también me fue definiendo (y me sigo definiendo todavía). Estuve muy perdida, como creo que es lógico que pase, pero hoy me siento encaminada, y más en casa que nunca. Y es loco, porque es la primera vez que me siento en casa.
No suelo admitir que me emociono, pero la verdad que estoy muy agradecida de como se dieron las cosas para mi este año. Estoy contenta de haber puesto mi cabeza y mi corazón en orden, y de dedicarle tiempo a lo que creo que lo merece, a mis convicciones. Y si en este momento se me escapa una lágrima es de orgullo y alegría, de gratitud.
Siempre me dio miedo el no saber que va a pasar, y una muestra de que hoy estoy en paz, es el que estoy contenta de no saber que me depara el futuro. De poder vivir libremente, con metas y objetivos, pero con mil maneras distintas de lograrlos. Algunas serán más largas, a veces tomaré atajos. Eso no es lo más importante. Y el haber llegado a comprenderlo me hace sentir bien.
Se que no acostumbro a escribir sobre mi tan crudamente como hoy lo estoy haciendo, pero a veces tengo que tomarme libertades. Cuando uno escribe siempre deja una parte de sí mismo (vivo repitiendo esto), pero hoy dejo algo más.
Espero, y estoy segura de que va a ser así, que dentro de algún tiempo voy a releer esto y me voy a ver de nuevo a mi misma escribiendo apurada mientras agradezco haber encontrado asiento libre en el subte y tratando de identificar si el olor que hay es a limón o a quien sabe que. Se que me voy a ver de nuevo a mi misma, a dos semanas de cumplir 20 años y con todo el miedo que tengo a eso, y espero haber crecido más todavía. Porque eso si, pase lo que pase, siempre creciendo, y sea como sea, siempre para adelante.
Ale.
Ale.
domingo, 16 de junio de 2013
Escribir
¿Quién no escribe cuando está triste?
No sólo garabatear palabras en un papel, o golpear teclas con fuerza.
Es pensar palabras, en un orden, contar la historia en tu cabeza.
Emocionarte haciéndolo, aunque nadie escuche, lea, sienta.
Escribir es estar en privado con uno mismo, no es ser uno sólo, sino ser TODOS LOS QUE SOMOS.
Son charlas en la mente, historias nuestras y de nadie.
Son sueños, tristezas, alegría y tristezas de nuevo.
Más que nada, eso.
Desilusiones, momentos en los que abunda la desesperanza.
Ahí escribimos, contándoles a nuestras voces en la cabeza los por qué.
Inventando escenarios y cosas que podríamos haber dicho... o hecho.
Escribir es paz y desesperación.
Vos contando una y otra vez lo mismo pero de distinta manera.
Escribir es extrañar, es recordar, con las mismas voces preguntándose ¿qué pasó?
Escribir es soñar, es dejar una parte de vos.
Es vivir lo que estás escribiendo.
No sólo garabatear palabras en un papel, o golpear teclas con fuerza.
Es pensar palabras, en un orden, contar la historia en tu cabeza.
Emocionarte haciéndolo, aunque nadie escuche, lea, sienta.
Escribir es estar en privado con uno mismo, no es ser uno sólo, sino ser TODOS LOS QUE SOMOS.
Son charlas en la mente, historias nuestras y de nadie.
Son sueños, tristezas, alegría y tristezas de nuevo.
Más que nada, eso.
Desilusiones, momentos en los que abunda la desesperanza.
Ahí escribimos, contándoles a nuestras voces en la cabeza los por qué.
Inventando escenarios y cosas que podríamos haber dicho... o hecho.
Escribir es paz y desesperación.
Vos contando una y otra vez lo mismo pero de distinta manera.
Escribir es extrañar, es recordar, con las mismas voces preguntándose ¿qué pasó?
Escribir es soñar, es dejar una parte de vos.
Es vivir lo que estás escribiendo.
martes, 14 de mayo de 2013
¿Somos dueños o somos parte de la naturaleza?
“Sólo cuando el último
árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás
cuenta que no puedes comer dinero”. Evelyn Waugh.
Existe en nosotros un ímpetu constante en dominar todo, todo lo que
veamos más débil o indefenso que nosotros, todo lo que creamos que no puede
tomar represalias contra nosotros. “Cuando
los ricos hacen la guerra son los pobres los que mueren”. Jean-Paul Sartre.
Algo es claro, el saber es poder. Es justamente por eso que no todo el mundo
llega a gobernar un país o una empresa importante, hay que tener buenas ideas,
hay que ser inteligente y sobre todo saber cómo manejarse y cómo manejar lo que
sea que se quiera manejar, hay que observarlo y conocerlo. La pregunta es
¿Conocemos la naturaleza? ¿Conocemos lo que está alrededor nuestro? Creo que la
respuesta es no. O quizás si lo conocemos, pero no somos conscientes de lo que
significa para nuestras vidas. Quizás consideramos que toda la naturaleza está
a nuestra disposición para hacer y deshacer de ella según nuestra conveniencia,
a tal punto en que dejamos de considerar que tenemos tanto valor como cualquier
ser vivo en el planeta, y tomamos la postura de “dueños de la naturaleza”.
¿Por qué considerarnos “dueños del planeta”? Para mi “ser dueño”
significa principalmente cuidar. Es fácil. Si yo tengo algo que me gusta, que
necesito y que sé que no hay forma de reemplazarlo, lo cuido. Lo cuido de todas
las maneras que puedo porque si ese “algo” está sustentando mi vida entera, lo
mínimo que puedo hacer es cuidarlo y darle el mejor trato para no deteriorarlo.
Creo que más bien el nombre para nuestra raza, que es una más de las tantas que
hay, es “destructores del planeta”. ¿Qué creemos que tenemos de especial? Sí,
es claro (me podrán decir), somos los únicos con el poder de transformar algo
que se le da en algo que necesita, somos los más capaces de inventar, de crear,
de imaginar qué hacer con algo que aparentemente no tiene utilidad, nosotros
tenemos medios de transporte, comida, diversión, salud, educación, política,
economía… Pero todo, absolutamente todo a costa de la naturaleza. ¿Seríamos
algo sin ella?
Estoy de acuerdo en que a lo largo de los años el hombre avanzó
muchísimo tecnológica y culturalmente tomando lo que se ofrecía y
convirtiéndolo en lo que necesitaba, llegando así a una comodidad que no se
hubiera imaginado años atrás. Yo misma estoy contenta de tener celular,
computadora, manejarme en auto, avión o lo que sea. Yo no estoy en desacuerdo
de que el hombre avance y satisfaga sus necesidades y, a veces, caprichos; lo
que veo de la sociedad en general es que no sabemos cuidar lo que el planeta
nos ofrece: talamos bosques enteros, contaminamos ciudades, países y
continentes, debilitamos la capa de ozono, derrochamos agua, matamos animales
sin razón y lo seguimos haciendo por más de que de alguna manera sabemos que lo
que hacemos está mal. Como dicen Edgar Morín y Anne Briggite Kern en el libro
Tierra Patria “Ninguna ley de la historia
asegura automáticamente el progreso. El porvenir no es necesariamente
desarrollo. En adelante el futuro se llama incertidumbre”
En estos últimos años hemos roto un equilibrio que se había estado
conservando desde que vivimos en el planeta. “El hombre destruye uno a uno los sistemas de defensa del organismo
planetario”. Jean-Marie Pelt. De
algún modo nos olvidamos de devolver lo que se nos da. No valoramos la
hermosura y utilidad del mundo en el que vivimos, pocas veces nos detenemos a
observar lo que hay a nuestro alrededor, mirar el cielo, los ríos, los campos,
los animales, las plantas y todo gracias a lo que vivimos. Lo único que le
damos al planeta es basura, destrucción, y así poco a poco deterioramos lo que
nos da vida. Nos quedamos en una postura de comodidad y llegamos a pensar que
todo lo que vemos hoy va a quedar intacto a pesar del correr de los años y de
lo que generamos día a día. “Los únicos interesados
en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados
con lo que hay”. José Saramago. Estamos felices con lo que tenemos, pero no
nos preocupamos por conservarlo, por cambiar lo que claramente estamos haciendo
mal. Le ponemos más atención a enriquecernos, a tener una buena posición
social, a comprar para tirar lo viejo en vez de reciclarlo, a tener cada cosa
que nos venden los medios de comunicación, y dejamos de lado algo que es mucho
más importante: conservar el lugar en el que vivimos, preservar lo que nos da
la naturaleza, buscar la forma en que lo que hagamos construya y no destruya
nuestro hogar: El mundo.
Resumiendo, creo que deberíamos cambiar la actitud que
tenemos frente a este problema que afecta a cada ser vivo que vive en el
planeta, ya sea un animal, una planta o un ser humano. Le damos poca
importancia, o quizás ocultamos lo importante que creemos que es para no ser
juzgados por no tomar medidas. La cuestión es que los que estamos ocasionando
todo esto somos nosotros, nadie más. Los cambios climáticos, los desastres
naturales cada vez más frecuentes, la desaparición de millones de hectáreas de
bosques, la falta de agua que sigue creciendo constantemente, el agotamiento de
minas, no es simplemente una coincidencia o algo “que sucede porque debe
suceder”. Como dice Jean-Paul Sartre “El
hombre está condenado a ser libre, porque una vez que está en el mundo, es
responsable de todo lo que hace”. Claramente somos responsables de lo que
está sucediendo en el planeta, debemos aceptar de una vez esta responsabilidad
y decidir qué hacer respecto a lo que vemos. Me parece que ya es tiempo de que
remediemos lo que ocasionamos. ¿Esto del “medio ambiente” no será porque ya
destruimos la mitad?
(Septiembre 2011, María Alejandra Gutiérrez Vargas)
sábado, 11 de mayo de 2013
Ambivalencia.
Me caracterizan los cambios de humor repentinos, el querer hacer dos cosas opuestas al mismo tiempo, la indecisión, el no saber quién soy.
Tantos gustos y sensaciones distintas entre sí conviven en mi, que es difícil identificarme con algo en particular. Si me piden que me describa, creo que no podría hacerlo. Hay días que me gusta algo, y otros que lo odio. Soy muchas personas en el cuerpo de una. Me canso rápido, me aburro, siempre quiero más, y cuando lo tengo quiero volver a no tenerlo. "Es normal, sos adolescente", me dijeron muchas veces, pero a veces pienso que no es sólo eso.
El sentir que no sabes quién sos, eso es duro. Dejo cosas por la mitad, nunca termino nada, un día es amar y otro odiar, a la misma persona, canción, situación. Nunca me decido, me cuesta tomar la iniciativa.
Me estoy describiendo en este momento y lo único que se es que quizás mañana esta visión de mi haya cambiado.
Por eso me da miedo tomar decisiones, tengo miedo a equivocarme, a cambiar. Porque nunca se qué es lo que quiero.
Tantos gustos y sensaciones distintas entre sí conviven en mi, que es difícil identificarme con algo en particular. Si me piden que me describa, creo que no podría hacerlo. Hay días que me gusta algo, y otros que lo odio. Soy muchas personas en el cuerpo de una. Me canso rápido, me aburro, siempre quiero más, y cuando lo tengo quiero volver a no tenerlo. "Es normal, sos adolescente", me dijeron muchas veces, pero a veces pienso que no es sólo eso.
El sentir que no sabes quién sos, eso es duro. Dejo cosas por la mitad, nunca termino nada, un día es amar y otro odiar, a la misma persona, canción, situación. Nunca me decido, me cuesta tomar la iniciativa.
Me estoy describiendo en este momento y lo único que se es que quizás mañana esta visión de mi haya cambiado.
Por eso me da miedo tomar decisiones, tengo miedo a equivocarme, a cambiar. Porque nunca se qué es lo que quiero.
viernes, 3 de mayo de 2013
Dudemos
Antes todo tenía una respuesta, era fácil decidir qué hacer y qué no hacer. Pero siempre se llega a la duda, de eso vivimos, esa es la esencia. Es lo que no hace sentir vivos, como decía Descartes. De lo único que no podemos dudar es de que dudamos, eso nos da la certeza de que estamos pensando, y por lo tanto de que existimos.
Dudar me hace sentir viva, aunque a veces lleve las cosas a extremos peligrosos. Aunque a veces quiera volver a ese "estado de reposo" en el cual estoy segura de lo que quiero. Aunque esté en cierta forma "traicionando" mis ideales.
La cosa es que me gusta, me gusta no saber que hacer, aunque suene tonto. Esa incertidumbre es emocionante. El no saber que va a pasar, a dónde vamos a llegar. Aunque pensándolo bien nunca lo sabemos. Creemos que lo hacemos, pero no podemos predecir cuándo y por qué vamos a dudar, a llegar ese "no saber que hacer".
Me había olvidado lo que era esa emoción. Me olvido de esas sensaciones demasiado fácil.
Dudar me hace sentir viva, aunque a veces lleve las cosas a extremos peligrosos. Aunque a veces quiera volver a ese "estado de reposo" en el cual estoy segura de lo que quiero. Aunque esté en cierta forma "traicionando" mis ideales.
La cosa es que me gusta, me gusta no saber que hacer, aunque suene tonto. Esa incertidumbre es emocionante. El no saber que va a pasar, a dónde vamos a llegar. Aunque pensándolo bien nunca lo sabemos. Creemos que lo hacemos, pero no podemos predecir cuándo y por qué vamos a dudar, a llegar ese "no saber que hacer".
Me había olvidado lo que era esa emoción. Me olvido de esas sensaciones demasiado fácil.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Miedos
Hay veces que es muy difícil de expresar con palabras lo que sentís, y al intentar hacerlo terminas hablando de cosas que nunca habías logrado decir.
¿Quién diría? Las personas llegan y se van de tu vida antes de que te des cuenta. Algunas dejando momentos hermosos y otras esos que vas a recordar siempre, pero no exactamente porque sean buenos. Pero están los que se quedan (o pareciera que van a hacerlo) y te dan una sensación de tranquilidad y esperanza. No son muchos, pero significan mucho.
Toda mi vida me pregunté qué es lo que tengo que hacer para que la gente no se aleje de mi. Siempre me pregunte qué es lo que hace que tanta gente se quede en mi vida por un momento dejándome charlas interminables, risas y anécdotas increíbles; para después irse así como llegó, sin darme elección. ¿Seré yo la que lo hace? ¿Será que la gente siente lo mismo de mi parte? Pero es que intento de conservar esas relaciones, siento que muchas veces no se me dan las oportunidades de hacerlo. Y la sensación de estar molestando vuelve una y otra vez. Quien me conoce bien sabe que odio dar los primeros pasos, siempre espero y espero y puede ser eso una razón por la cual se alejan. Me siento pesada, imbancable, que si no me hablas es porque no querés hacerlo.
Pero volvemos a lo mismo, nunca me pongo en el lugar del otro, nunca pienso que quizás otra persona este esperando señales de parte mía me quedo en un lugar cómodo, en el que digo, "si querés hablar conmigo, hablame vos".
¿Cómo hago para cambiar?
Me cuesta tomar la iniciativa, aunque sepa que tengo que hacerlo, me cuesta entrar en confianza y dejar atrás esa sensación de estar jodiendo.
Pero se que lo tengo que hacer, no quiero más personas yéndose de mi vida.
¿Quién diría? Las personas llegan y se van de tu vida antes de que te des cuenta. Algunas dejando momentos hermosos y otras esos que vas a recordar siempre, pero no exactamente porque sean buenos. Pero están los que se quedan (o pareciera que van a hacerlo) y te dan una sensación de tranquilidad y esperanza. No son muchos, pero significan mucho.
Toda mi vida me pregunté qué es lo que tengo que hacer para que la gente no se aleje de mi. Siempre me pregunte qué es lo que hace que tanta gente se quede en mi vida por un momento dejándome charlas interminables, risas y anécdotas increíbles; para después irse así como llegó, sin darme elección. ¿Seré yo la que lo hace? ¿Será que la gente siente lo mismo de mi parte? Pero es que intento de conservar esas relaciones, siento que muchas veces no se me dan las oportunidades de hacerlo. Y la sensación de estar molestando vuelve una y otra vez. Quien me conoce bien sabe que odio dar los primeros pasos, siempre espero y espero y puede ser eso una razón por la cual se alejan. Me siento pesada, imbancable, que si no me hablas es porque no querés hacerlo.
Pero volvemos a lo mismo, nunca me pongo en el lugar del otro, nunca pienso que quizás otra persona este esperando señales de parte mía me quedo en un lugar cómodo, en el que digo, "si querés hablar conmigo, hablame vos".
¿Cómo hago para cambiar?
Me cuesta tomar la iniciativa, aunque sepa que tengo que hacerlo, me cuesta entrar en confianza y dejar atrás esa sensación de estar jodiendo.
Pero se que lo tengo que hacer, no quiero más personas yéndose de mi vida.
jueves, 25 de abril de 2013
Nostalgia
En algún momento u otro todos la sentimos. El extrañar el pasado o a las personas que quedaron en él. El deseo de revivir momentos que por algún tiempo quedaron olvidados en rincones de nuestra mente. ¿Qué es lo que nos lleva a hacerlo? ¿Qué es lo que atrae esa avalancha de sensaciones encontradas? Puede ser alguna foto o canción. Hasta esta comprobado que ciertos olores y texturas logran transportarnos hacia fragmentos de tiempo con los que los relacionamos. Hay olores que no soporto, no porque sean desagradables, sino porque son tristes, al menos para mi. Por ejemplo, hay determinado perfume que puede lograr hasta sacarme lágrimas y desatar un estado de desesperación en mi, incluso un rechazo a mí misma; por la única y simple razón de que me recuerda a una noche de lágrimas y desesperación y de acciones que en su momento me hicieron sentir ese rechazo.
Pero esto no es a lo que voy.
La nostalgia sería básicamente extrañar, o no? Por más de lo que se extrañe no sean cosas precisamente buenas. Siempre dije que esta en nuestra naturaleza cierto tipo de "masoquismo", nos gusta recordar pasados en los que no eramos felices y lo hacemos para de cierto modo comprobarnos a nosotros mismos "que hoy estamos mejor". Hay una frase que leí alguna vez por algún sitio de internet que decía "el porvenir no es necesariamente progreso, desde hoy el futuro es incertidumbre". Claro que no estaba aplicada a este tema (si la cabeza no me falla era algo relacionado con la política o economía),pero mientras este texto fluía de mis dedos me pareció interesante incluirla. Según lo que yo pienso la mayoría (no me atrevo a decir todos), busca "algo mejor", esta claro que no nos conformamos fácilmente en lo que respecta al corazón, pero pocas veces vemos esa mejora. Al ganar algo perdemos otra cosa, y mirando en retrospectiva preferimos centrarnos en lo que perdimos y no en lo ganado. Somos pesimistas por naturaleza, pero este pesimismo es el que nos mueve a buscar la mejora. Somos pesimistas porque es el pesimismo lo que nos ayuda a avanzar, a darnos cuenta de que algo necesita ser cambiado.Imaginen un mundo donde sólo existieran optimistas, no habría progreso porque nadie querría cambiar nada. Tenemos dos caminos, o llorar sobre lo perdido, o intentar recuperarlo. Ahí esta la clave, eso es lo que entiendo por progreso. El seguir adelante a pesar de las perdidas, el mirar con nostalgia el pasado añorando tiempos donde las cosas eran "más fáciles", porque a medida de que superamos obstáculos o perdidas, estos se hacen más difíciles, no más fáciles como podría pensarse. Encontramos en la nostalgia una autocompasión, surge en momentos en los que no nos sentimos capaces de avanzar, en los que preferimos habernos quedado atrás llorando sobre lo perdido. Y la nostalgia también es una forma de llorar sobre lo perdido, llorar sobre aquellos tiempo lejanos (o no tanto) en los cuales las cosas eran diferentes y de cierto modo más "convenientes", por más de que no sea un llanto explícito, por más de lo que lloren no sean nuestros ojos sino nuestro corazón.
Pero nos ayuda. Porque después de querer volver a ese pasado, recordamos el por qué alguna vez quisimos dejarlo. Por qué cambiamos en vez de permitir que las situación siga igual que en ese entonces, por más de que hayamos cometido errores, por más de que hayamos dejado costumbres y personas que no quisimos dejar, si seguimos buscando encontramos esas pequeñísimas (o grandes) cosas que nos molestaban en ese momento, esas que hicieron, a su vez, que añoráramos un pasado anterior. Y el ciclo se repite una y otra vez. Y nos alejamos de lo que "somos" (o fuimos) y nos acercamos más a nuestra verdadera identidad, cada día la forjamos un poquito más, con cada cosa que dejamos atrás por ir en busca de otra.
¿Nunca se sorprendieron de los cambios que experimentaron en, por ejemplo, 2 años? ¿Quiénes eran en ese momento? ¿Qué tenían que hoy no tienen? ¿Qué buscaban que hoy no buscan? ¿Con quién hablaban con quién no hablan ahora? ¿Y cómo fue que sucedió esto? Las elecciones que hacemos, muchas veces las hacemos sin pensar. Y por esto la última pregunta es la más difícil de responder,al superar un obstáculo perdiendo así algo, de cierta forma ponemos como prioridad a lo que estamos ganando, intentando ocultar lo que perdemos. ¿Ocultarlo de quién? De nosotros mismos, para engañarnos y de cierta forma "olvidar" aquello que estamos perdiendo. Por eso, al mirar hacia atrás y hacernos las anteriores preguntas, la última es la que cuesta responder, porque esta en nosotros el negar que esos cambios hayan sido decisiones propias.
Se podría interpretar de que hablo del "cambio" como algo malo, pero no es mi intención, soy consciente de que me contradigo en muchas cosas, esto no es más que una reflexión de una mente todavía adolescente. No tengo miedo a equivocarme, se que lo hago y se que siempre termino yéndome por las ramas. Pero en fin...
La nostalgia es ese sentimiento de querer volver a ser alguien que fuimos en algún momento, sensación que no dura mucho, más bien que dura hasta que recordamos por qué hoy somos quien somos y que ese alguien que fuimos hoy también es parte de nosotros.
Pero esto no es a lo que voy.
La nostalgia sería básicamente extrañar, o no? Por más de lo que se extrañe no sean cosas precisamente buenas. Siempre dije que esta en nuestra naturaleza cierto tipo de "masoquismo", nos gusta recordar pasados en los que no eramos felices y lo hacemos para de cierto modo comprobarnos a nosotros mismos "que hoy estamos mejor". Hay una frase que leí alguna vez por algún sitio de internet que decía "el porvenir no es necesariamente progreso, desde hoy el futuro es incertidumbre". Claro que no estaba aplicada a este tema (si la cabeza no me falla era algo relacionado con la política o economía),pero mientras este texto fluía de mis dedos me pareció interesante incluirla. Según lo que yo pienso la mayoría (no me atrevo a decir todos), busca "algo mejor", esta claro que no nos conformamos fácilmente en lo que respecta al corazón, pero pocas veces vemos esa mejora. Al ganar algo perdemos otra cosa, y mirando en retrospectiva preferimos centrarnos en lo que perdimos y no en lo ganado. Somos pesimistas por naturaleza, pero este pesimismo es el que nos mueve a buscar la mejora. Somos pesimistas porque es el pesimismo lo que nos ayuda a avanzar, a darnos cuenta de que algo necesita ser cambiado.Imaginen un mundo donde sólo existieran optimistas, no habría progreso porque nadie querría cambiar nada. Tenemos dos caminos, o llorar sobre lo perdido, o intentar recuperarlo. Ahí esta la clave, eso es lo que entiendo por progreso. El seguir adelante a pesar de las perdidas, el mirar con nostalgia el pasado añorando tiempos donde las cosas eran "más fáciles", porque a medida de que superamos obstáculos o perdidas, estos se hacen más difíciles, no más fáciles como podría pensarse. Encontramos en la nostalgia una autocompasión, surge en momentos en los que no nos sentimos capaces de avanzar, en los que preferimos habernos quedado atrás llorando sobre lo perdido. Y la nostalgia también es una forma de llorar sobre lo perdido, llorar sobre aquellos tiempo lejanos (o no tanto) en los cuales las cosas eran diferentes y de cierto modo más "convenientes", por más de que no sea un llanto explícito, por más de lo que lloren no sean nuestros ojos sino nuestro corazón.
Pero nos ayuda. Porque después de querer volver a ese pasado, recordamos el por qué alguna vez quisimos dejarlo. Por qué cambiamos en vez de permitir que las situación siga igual que en ese entonces, por más de que hayamos cometido errores, por más de que hayamos dejado costumbres y personas que no quisimos dejar, si seguimos buscando encontramos esas pequeñísimas (o grandes) cosas que nos molestaban en ese momento, esas que hicieron, a su vez, que añoráramos un pasado anterior. Y el ciclo se repite una y otra vez. Y nos alejamos de lo que "somos" (o fuimos) y nos acercamos más a nuestra verdadera identidad, cada día la forjamos un poquito más, con cada cosa que dejamos atrás por ir en busca de otra.
¿Nunca se sorprendieron de los cambios que experimentaron en, por ejemplo, 2 años? ¿Quiénes eran en ese momento? ¿Qué tenían que hoy no tienen? ¿Qué buscaban que hoy no buscan? ¿Con quién hablaban con quién no hablan ahora? ¿Y cómo fue que sucedió esto? Las elecciones que hacemos, muchas veces las hacemos sin pensar. Y por esto la última pregunta es la más difícil de responder,al superar un obstáculo perdiendo así algo, de cierta forma ponemos como prioridad a lo que estamos ganando, intentando ocultar lo que perdemos. ¿Ocultarlo de quién? De nosotros mismos, para engañarnos y de cierta forma "olvidar" aquello que estamos perdiendo. Por eso, al mirar hacia atrás y hacernos las anteriores preguntas, la última es la que cuesta responder, porque esta en nosotros el negar que esos cambios hayan sido decisiones propias.
Se podría interpretar de que hablo del "cambio" como algo malo, pero no es mi intención, soy consciente de que me contradigo en muchas cosas, esto no es más que una reflexión de una mente todavía adolescente. No tengo miedo a equivocarme, se que lo hago y se que siempre termino yéndome por las ramas. Pero en fin...
La nostalgia es ese sentimiento de querer volver a ser alguien que fuimos en algún momento, sensación que no dura mucho, más bien que dura hasta que recordamos por qué hoy somos quien somos y que ese alguien que fuimos hoy también es parte de nosotros.
sábado, 28 de mayo de 2011
Sometimes
No creía poder volver a ver la luz después de tanta oscuridad, el frío se había apoderado de cada uno de mis músculos, huesos y demás partes vivientes de mi débil cuerpo. Pero todavía había algo dentro de mi que mantenía el calor, algo pequeño, en mi pecho que de alguna u otra manera me daba fuerzas para seguir. Aunque habían pasado muchos años, yo sabía que lo seguía teniendo, que podía confiar en él aunque no estuviera viéndolo, y que a pesar de todo, aunque estuviéramos a tanta distancia me estaba escuchando. Sin querer había dejado algo en mi, algo que me iba a acompañar toda mi vida y me lo iba a recordar de todas formas, era eso que me hacia ver la luz aunque todo estuviera oscuro...
domingo, 1 de mayo de 2011
She's lost inside
Grito desesperadamente cuando sintio que la arrastraban lejos de él. Y él sintio el peor sentimiento de impotencia al darse cuenta de que no podia salvarla. Los separaron, y los enviaron a lugares horribles, que podrian haber sido soportables si hubieran tenido la compañia del otro, pero no. Ella tenia solo las ultimas palabras de él taladrandole los oídos diciendo "Resisti, por favor, hacelo por mi". Y el no tenia mas, que sus gritos, su cara desesperada y cubierta de lágrimas. Sentian que se iba a volver locos separados, pero dentro de ellos sabia que no era el fin. Que aunque pasaran años, se volverian a encontrar, muy cambiados, y más fuertes, pero volverían a verse, a besarse, y a amarse.
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